Miedo al dentista

Miedo a las alturas, a volar, al ginecólogo, al parto, a estar solo en casa, miedo a tener miedo, etc. etc. etc. Miedo a la verdad.
Miedo a las alturas, a volar, al ginecólogo, al parto, a estar solo en casa, miedo a tener miedo, etc. etc. etc. Miedo a la verdad.

No le tengo miedo al dentista, le tengo miedo al dolor

Me muero de miedo del miedo que me da.

Hay una enorme diferencia entre «miedo al dentista» y «miedo al dolor que puede desencadenar una actuación en la boca», solo reflexionar sobre ello puede producirte un cambio de paradigma que te desbloquee el chip programado que llevas dentro y que te hace relacionar automáticamente al dentista con el sufrimiento de soportar el dolor. Dolor o no dolor, esa es la cuestión.

Hablemos del miedo al dentista

Cuando yo era niño. ¿Tú no lo fuiste?

De niño no había escuchado nunca la frase «tengo miedo al dentista». Mi padre jamás la pronunció. Mi madre aún menos. Sin embargo, eso no quería decir que no hubiera motivos para inquietarse si había que ir a ponerse una vacuna, o a sacarse sangre para una analítica, o a que te pinchen el dedo con una lanceta para determinar tu grupo sanguíneo o a que te pongan una inyección de penicilina G en el culo. Y con esas agujas desafiladas que se ponían a hervir para «esterilizarlas». Y no una inyección, sino una cada 12 horas durante 7 largos días de tratamiento. ¡Qué sufrimiento! ¡Cómo te quedaba el culo!.

Mis padres me decían que había que ir y se iba, no había nada de qué hablar, nada para comentar, nada de prepararse para la dura experiencia, nada de consejos para superarlo, nada de explicar lo que se puede sentir para ayudarte a sobrellevarlo, nada. Simplemente, es algo que a todos, alguna vez en la vida nos va a pasar, y no una vez, sino varias, incluso muchas; se pasa, y ya está; no es un drama imposible, no es para quedar traumatizado de por vida, no es ir a la guerra.

Menos cháchara y más acción, que el movimiento se demuestra andando y no lamentando.

Mis padres me contaban sus experiencias cuando tuvieron que pasar por éstas cosas, pero con un tono de: «no es para tanto» y con cara de: «si hay que hacerlo se hace». Esa actitud, y encima por parte de los dos, no me dejó nunca un margen para la queja, el lloriqueo o el salir huyendo. Cosa muy distinta a lo que está pasando hoy en día con la sobre protección de los niños.

Mi primer recuerdo de algo que me hizo sufrir, fue la vacuna contra la viruela, tenía 7 años. Te hacían un corte en el brazo y te quedaba una cicatriz redonda para toda la vida. Ya no se aplica. La viruela fue erradicada, de momento.

Le tenía miedo a la oscuridad, al señor que estaba debajo de la cama

Mi padre, a oscuras, me acompañó por toda la casa (que era grande, y para un niño, más grande aún) y mientras me hablaba en voz alta, segura y risueña, me hizo comprender que las mismas cosas que veía en casa durante el día, estaban ahí durante la noche. Era lo mismo.

No había nadie debajo de la cama y lo único que había cambiado, es que de noche se oculta el sol. Nada más. En casa con las puertas y ventanas cerradas estamos seguros.

Tenía pánico de pensar en ir a un cementerio a media noche, hora en que los muertos se levantan

Mi padre me dijo, que lo que realmente le daba miedo eran los vivos. Los muertos no pueden hacerte absolutamente nada porque están muertos y enterrados. Y que los fantasmas no existen.

El miedo es subjetivo

Mi padre se pasó toda mi niñez diciéndome que no acaricie a los perros. Yo no le tenía miedo a ningún perro. A todos quería tocar. Si era un perro grande más me entusiasmaba, y si era pequeño quería levantarlo en brazos. Perro que veía, perro que miraba y lo siguiente era acariciarlo y hacerme su amigo. Disfrutaba cuando el perro me lamía la mano, y a mi padre en cambio, las lenguas de perro le daban asco. Yo era un perrófilo. Casi lo mismo con los gatos, con los cuales jugaba y terminaba con las manos completamente arañadas. En cambio siempre le tuve repulsión absoluta a los reptiles. Sin embargo hay gente que teme a los perros y ama a los gatos y viceversa, ¿porqué?.

Cuando tenía 11 años la maestra nos pidió que trajéramos una lagartija a clase. Yo fui al campo, estuve toda una tarde buscando, hasta que fui capaz de capturar una lagartija color gris, vivita y coleando, meterla en un frasco y llevarla a casa para que mi madre me diga «¡no quiero ese bicho en la cocina!»

Me producen repulsión absoluta los reptiles, pero mucha, mucha repulsión. Sin embargo, mi deseo de cumplir con la maestra y cumplir con mi deber como alumno, era mucho más fuerte. Llevé esa lagartija a clase. Hoy en día no toco un reptil ni borracho. ¿¡Para qué!?. Pero si fuera necesario, lo haría.

Miedo y amor se juntaron debajo de mi cama

Una noche de prematura oscuridad invernal, sin lluvia pero con rugidos de viento, mi padre me dijo que vaya a mi habitación sin encender la luz y mire debajo de la cama, que había una sorpresa. Salió caminando un bonito cachorrito de Boxer de 1 mes y medio de nacido, color marrón claro con la trompa negra y chata. Parecía un osito y le puse de nombre Yogui, como el famoso oso . Nunca más tuve miedo a mirar debajo de la cama. Se rompió el chip del miedo.

Miedo real e imaginario

Mi padre envidiaba a mi madre porque ésta se dejaba atender por el dentista sin anestesia y se aguantaba bastante bien. En cambio él no lo podía soportar.

Dolor agudo, punzante, eléctrico, fino, frío, helado, profundo, filoso, penetrante, lacerante, afilado, insoportable, desesperante hasta el desmayo. ¡Qué dolor!. Así puede ser el dolor en el dentista.

Si el valiente de mi padre no lo puede soportar, es que el dolor es real.

Si mi madre lo tolera, es que lo siente diferente. Mi madre es diferente.

Por lo tanto el dolor depende de quien lo sufre. El dolor no es algo mensurable y objetivo. El dolor es subjetivo.

Si corres despavorido delante de un tigre, tu pánico es real y comprensible. Es algo totalmente real.

Si tienes miedo avanzar por una calle tenebrosa, por miedo a encontrarte con un tigre en la esquina, tu miedo es infundado. Es imaginario.

Si tienes miedo a avanzar por una calle tenebrosa por miedo a que te atraquen, tus temores no son infundados, pero no del todo probables. Tus experiencias previas te ponen en guardia.

Y si vas por esa misma calle acompañado por dos policías, la situación vuelve a cambiar. Puede que les tengas miedo a los policías, pero no a que te atraquen en ése momento.

A mí los perros nunca que habían hecho daño, por lo tanto no les temía. Más miedo hay que tenerles a algunos llamados seres «humanos».

Solo ante la inmensidad. solo ante el peligro, ante el destino, ante una decisión difícil, solo ante el dentista, solo contigo mismo. El miedo está en ti y de ti debes eliminarlo. Vivir sin miedo es vivir plenamente.

Yo soy dentista

Y la frase célebre que te repite una y otra vez cada paciente nuevo, es casi siempre, la misma:

«Mire que le tengo pánico al dentista, por eso no he venido antes»

«No tengo nada contra usted, no se lo tome a mal, pero venir a verle no me gusta nada»

«¿Ya me tengo que sentar ahiiií?????…….»

Para ser dentista hay que estar muy entrenado emocionalmente y no dejarse derrumbar, porque no nos engañemos, nadie viene a vernos por gusto. Ni siquiera con cierta normalidad, como cuando van al médico o al abogado, a los que tampoco se va por placer. Todos vienen a poner el cuello en la guillotina, a sentarse en  la silla eléctrica y a que sea lo que Dios quiera.

Ser dentista significa trabajar cada día con el miedo del paciente, con su ansiedad y hasta con su despersonalización. Una persona puede manifestar una personalidad que tiene oculta y que se descubre en el momento en que se sienta en el sillón dental. Es algo parecido a aquel que cambia de personalidad cuando se pone al volante de su coche.

Algunos padres descubren una faceta oculta de sus hijos….. y algunas esposas descubren una faceta oculta de sus maridos, cuando se sientan en el sillón dental. Si quieres conocer mejor a alguien, tráelo al dentista y observa. Puede que te sorprenda lo valiente que es o lo cobarde que resulta.

Nunca pensé que sería más difícil tratar con la psicología del paciente que hacer mi trabajo en su boca. Es más, un paciente colaborador o no, influye en el tratamiento odontológico de una manera abrumadora. Por eso lo más importante para un dentista, es tener un máximo control sobre la ansiedad del paciente y poner mucho  empeño en la eficacia de las técnicas anestésicas disponibles. A demás de adoptar como costumbre, una actitud siempre positiva y entusiasta ante las actitudes negativas y temerosas  de los pacientes pusilánimes, lo cual estresa mucho al dentista. Hay dentistas cuya personalidad les permite llevar el tema muy bien y otros en cambio lo llevan peor. Ser un amortiguador incansable de los temores del paciente es duro. Los amortiguadores se gastan y se rompen. A ningún paciente se le ocurrió pensar que pueda existir el miedo al paciente, pero existe.

Paciente virgen positivo – Padres positivos

Virgen significa que jamás fue contaminada/o por ningún dentista. Es su primera vez.

Pongamos el ejemplo de Lucía, que tiene 8 años. Sus padres y sus abuelos maternos son pacientes míos. Lucía tiene una autoestima alta y es muy alegre y positiva. Sus padres nunca le manifestaron ni por obra, omisión, palabras o silencios, expresiones o actitudes, ningún gesto de rechazo a ese señor que llaman dentista. Sus padres han ido a ése dentista y el lenguaje corporal y gestual de éstos, los tonos de voz y los comentarios, no han sido negativos, tampoco positivos, simplemente fueron al dentista.

Lucía con toda esa información en el subconsciente, sumado a su actitud positiva, quiere demostrar a su primo Luis, el llorón, que tiene 10 años, que ella no tiene ningún miedo a su dentista y lo va a conseguir.

Se sienta en el sillón y me dice: «- Yo no tengo ningún miedo al dentista -« (música celestial para mis oídos). Ahora el Gran Problema es no defraudar a esa mente pura, inocente y virgen de todo contacto siniestro con dentista alguno . Ése se transforma en Mi Gran Problema. ¡Manos a la obra!.

Ésta vez tuve suerte, se hizo en cuatro sesiones cuatro empaste y cada uno con su respectivo PINCHAZO. En su primera anestesia me dijo :

» -Y eso es lo que dicen que tanto duele; no me dolió nada. Yo suspiré. ¡Gracias Dios mío!. Hubo otro pinchazo que sí le dolió algo más; pero valientemente se aguantó como una campeona. ¡Éso es actitud! ¡¡¡y con 8 años!!!. ¿ Se nace o se hace? , un poco de todo. 

La confianza se consigue con tiempo y esfuerzo, y se pierde en un instante, por un aparente mínimo detalle al que uno no da importancia, pero el paciente parece que sí.

Da trabajo. Les hablo, les canto, les cuento chistes, mientras le limpio la caries y les aspiro la saliva. A veces tengo que callarme, porque se ríen y no me dejan trabajar. Y hasta me ha pasado más de una vez, que les introduzco la aguja para anestesiar y mientras tanto les cuento algo gracioso y con la aguja clavada se ponen a reír. ¡Es para sacarles una foto! por lo raro que es ver esa imagen. Son situaciones positivas pero nada habituales.

Paciente adulto

Después de leer todo ésto, no tienes vergüenza de tenerle miedo al dentista, siendo una persona adulta y con los callos que da la vida.

El 70% de los pacientes, dejan de tener ansiedad por ir al dentista, cuando comprueban que los procedimientos son indoloros.

Dejan de tener ansiedad solo si van cada semana consecutivamente. Si van cada 15 días o cada mes, el encanto se rompe y la ansiedad vuelve.

Cuesta retomar. Pueden abandonar y abandonan. Sé persistente. Termina lo que empieces.

Hay un porcentaje de pacientes, que les provoca ansiedad los ruidos y vibraciones que producen los aparatos del dentista dentro de la boca.

Y hay otro porcentaje que les produce ansiedad todo. Ésos deberían tomarse una Valeriana Doble, una hora antes de venir. No hay quien los controle.

Vayamos a los hechos más habituales: SI NO HAY DOLOR, NO HAY MIEDO

El objetivo último del dentista es conseguir eso, que no duela. Todo lo demás viene solo.

El MIEDO se supera con la ACCIÓN.

¿Que tienes miedo hablarle a una chica que te gusta? Háblale.

¿Que tienes miedo levantar el teléfono para hacer «esa llamada»? Marca el número.

¿Que te da vergüenza cantar en público? Tómate una copita y ponte alegre.

¿Que tienes miedo casarte? No lo hagas.

Si merece la pena, se hace y ya está.

¿Merece la pena ir al dentista? Por supuesto.

Sugerencias

Miedo al pinchazo
Cierra los ojos, inspira profundo y confía, tienes que confiar, estás entregado. Todos necesitamos a alguien en quien depositar nuestra confianza alguna vez en la vida. ¿Acaso no le dejas tu dinero al banco y confías? ¡Intenta que el banco confíe en ti, a ver que pasa!

Ansiedad en el sillón dental
Confianza en el dentista elegido. La confianza se puede ganar poco a poco y se puede perder en un instante.

Miedo al dolor
Buena técnica anestésica por parte de tu dentista de confianza.

Como la anestesia no siempre y en todos los casos es eficaz al 100%, hay que repetir la anestesia si hace falta, añadir más, o con «mejor» técnica, hasta que funcione. Debe existir una contraseña entre el paciente y el dentista, para avisar de que «me está doliendo». ¡Y ya está!.

COMUNICACIÓN Y CONFIANZA CON EL DENTISTA = RAPPORT, SINTONÍA, BUENA ONDA.

Una señal muy utilizada es levantar la mano. Yo les digo a los pacientes que me avisen con un sonido de sus cuerdas vocales (hummm), y yo paro en medio segundo.El sonido es mucho más rápido que la mano.

Hay pacientes que quieren aguantar el dolor hasta que no pueden más. Yo les digo que no aguanten nada, si duele algo, aunque sea un poquito, que hagan «Hummm», que yo paro. No les tiene que doler nada. Nada. Si duele no se trabaja. No tiene que doler nada. Nada. Dije nada. La anestesia bien aplicada suele dar muy buenos resultados.

Los dentistas ya sabemos lo que tenemos que hacer. Tranquilidad. Confía en Tú Dentista de Confianza.

Confianza
Busca, encuentra y conserva un dentista de confianza. No tiene que ser un dentista  perfecto, tiene que ser de confianza. La confianza y la vida se pierden una sola vez. ¿En quién confías tú?

Anestesia

«Santa Anastasia, gracias por existir y acudir a mis plegarias cuando te pido que no me dejes sufrir.»

Supongamos que trabajar en los dientes fuera como cortar las uñas o el pelo. ¿Tendríamos el mismo terror al dentista.? No. ¿Por qué?. Porque no duele. Ir al peluquero es para mí un momento de relax. Ir a la manicura es un placer. Ir al podólogo ya es otra cosa. Pero ir al dentista es como ir a sentarse a la silla eléctrica y confiar en salir vivo.

El mayor de los problemas en el dentista, es el miedo a las agujas, el miedo al pinchazo, o a que la anestesia no haga suficiente efecto. Si tienes miedo a otra cosa, es que no confías en tu dentista y deberías cambiarlo.

Pongamos anestesia entonces, con la mejor de nuestras habilidades. Pinchar sin que el paciente sienta más dolor del que él supone y espera que va a sentir. Lo justo o menos. Si el paciente, que espera un cierto dolor, para el cual ya está mentalizado, de repente descubre, que ya pusimos anestesia y que el dolor de la inyección  fue bastante menos o casi nada de lo que él esperaba, puede que termine pensando que no fue nada, porque él esperaba mucho más. Casi siempre el paciente  espera sentir ése dolor que mensuró con su mente creativa, defensiva, negativa y por supuesto imaginaria.

Si el dentista logra alcanzar un nivel aceptado como justo por parte del paciente, la próxima visita será más relajada. Si se repite el proceso una vez más, cada encuentro paciente-profesional resultará más y más amistoso.

El truco está en la habilidad del dentista y el nivel de aceptación del dolor por parte del paciente. Aclaremos que dolor al pinchazo nivel cero solo existe en un 5% de los casos. El pinchazo duele, el truco es aceptarlo como tolerable o no. Cada paciente tiene un umbral del dolor diferente y una opinión personal y subjetiva diferente. Con todo ello en mente, debes ir al dentista y superarlo como tu mente mejor te lo permita.¿ ¿¡Que no puedes!??.¡¡¡Qué dices!!!

«Un hombre no sabe de lo que es capaz hasta que lo intenta».

Charles Dickens

Si la anestesia resultó ser profunda, eficaz y duradera, el resto es un proceso totalmente llevadero para el paciente, siempre en cuando tenga la paciencia y la capacidad de colaboración para que el tratamiento se lleve a cavo con éxito. No olvidemos que el paciente participa en los tratamientos. Debe participar y por lo tanto colaborar, si busca su bien, porque es por su bien.

Conclusión

Busca un dentista que trabaje pensando en que no te debe doler, y que si te duele, no trabaje hasta que logre bloquear la transmisión del dolor por tus vías nerviosas sensitivas y que haga un esfuerzo por bloquear tus miedos profundos subconscientes. Pero por favor, colabora con el dentista, que el dentista no es psicólogo ni mago ni hipnotizador, aunque debería y en ése caso, también debería cobrar más por ello, ya que lo más estresante de la odontología no es hacer un tratamiento odontológico, sino hacerlo dentro de la boca de un paciente perturbado por la situación y que además,  no quiere colaborar.

«Compórtate como un chiquillo caprichoso y consentido y terminarás siéndolo; es fácil.

Compórtate como un gran señor de alta alcurnia y te parecerás bastante, es más difícil»

El dentista, con sus intervenciones, te desencadena una reacción dolorosa que él mismo previamente bloquea, anulando la transmisión nerviosa a tu cerebro, a través de la aplicación de una técnica anestésica. Si no hay dolor, no deberías tener miedo al dentista nunca más.

Suscríbete al blog por email

Introduce tu correo electrónico para suscribirte a este blog y recibir avisos de nuevas entradas.

Únete a otros 207 suscriptores

10 comentarios

Hay otra causa del «miedo» y es: La impresión. Más allá que no haya dolor, saber que nos están arrancando una muela por ej, o sacando el nervio en un conducto, sangre, cortes de por medio, etc etc, en mi caso por ej, genera mucha impresión. Usualmente en mis visitas al dentista me baja la presión y tienen que acostarme en el piso y hacerme oler alcohol, a veces esto ocurre apenas después del pinchazo, cuando empiezo a imaginar lo que sigue

Muy interesante su articulo Dr. Balboa . Ayer me saque mi primer diente el segundo molar, ya que tenia una carie que consumio casi la mitad del diente. La sufri mucho pero la dentista fue muy amable y me dio 4 veces anestesia para que no me duela. Yo al igual que todos los que googleamos y encontramos su articulo le tengo PANICO al dolor!! Y fue por una mala experiencia que tuve en mi infancia. En fin, quiero decirles a todos aquellos que le tienen miedo que si DUELE pero es soportable!! Peor es tener la boca con caries y tomar keterolac para el dolor, no es vida. No poder comer lo que a uno le gusta o dormir del lado de la carie pensando que duele. Vayan junten coraje, lleven un antifaz como hice y no miren que depues veran que vale la pena. Saludos y exitos para todos.

Dr. Balboa, tengo una duda que me inquieta. Hace dos días visité a mi dentista habitual para un empaste y tuve un ataque de pánico durante y después de la intervención, uno larguísimo. Verà, yo no tengo miedo a ir al dentista, ya que trabaja muy bien y nunca me ha hecho daño pero la anestesia siempre me produce temblor en las manos. Sabiendo esto, y habiéndome explicado él mismo que se debe a la adrenalina de la inyección, me pregunto por qué no ne ha administrado otra. Pues bien, el otro día la dichosa adrenalina me desencadenó una crisis de pánico de campeonato. O eso creo. Me gustaría saber su opinión: ¿es la adrenalina o soy yo? Muchas gracias.

Mi problema es que me produce mucho rechazo tener objetos en la boca. Me da mucho asco. Es incontrolable, no puedo dejarles trabajar. Me gustaría encontrar la manera de poderlo superar. Tengo que hacerme una limpieza y creo que dos empastes, ya que no me pudieron mirar bien. Gracias

Hola doctor. Yo le tengo terror y verdadero pánico al dentista. De esos que prefiero aguantar el dolor de muela y dejar pasar el tiempo. Tengo años que no voy y tengo muchas muelas picadas y ya duelen. Mi miedo es por que mi dentista ignora mi dolor. Cuando le digo que me duele o mi cuerpo reacciona naturalmente y mi cabeza se mueve involuntariamente ante la reacción del dolor, se molesta y me dice que no me mueva. Se que no debo moverme pero me duele y es que no hace nada por aminorar el dolor, no usa más anestecia. Ahora que he leído el post he decidido ir a otro dentista. Pues uno piensa que esos tratos son normales y me aterra el pensar en el dolor que me causa. Algún otro consejo? Porque aun me aterra aunque vaya con otra persona. Gracias y muy buen post.

Cambia ya de dentista. Las intervenciones son siempre incómodas (hay que poner de tu parte mucha paciencia y colaboración), pero deben resultar totalmente indoloras.

Me encanta el post, dentista y buen comunicador a partes iguales, no sé si habrá muchos pero la verdad es que sorprende agradablemente.
Yo soy de los que le tienen PANICO con mayúsculas, y no al dolor si no a la anestesia, desde que a un conocido le sentó mal el pinchazo del dentista y se murió por esta causa. Cada vez que me pinchan la anestesia me mareo, no puedo respirar, etc. Ataque de pánico en toda regla aunque yo pienso que es x la anestesia y que me muero.
Mi dentista sabe de mi fobia pero y si algún día me pasa algo de verdad pero él cree que solo es por la fobia? la pescadilla que se muerde la cola.
En resumen: no solo hay miedo al pinchazo o al dolor, sino también precisamente lo contrario ¡pánico a la anestesia! supongo que habrá más como yo. Es que, al igual que con los gustos, en cuestión de pánicos no hay nada escrito…

Deja una respuesta